Por: Alejandro Maciel
Ilustraciónes: Sólin Sekkur
DISEÑO WEB: Evelyn Alcántara

Por: Alejandro Maciel
Ilustraciónes: Sólin Sekkur
DISEÑO WEB: Evelyn Alcántara

Pese a ser uno de los sentimientos más comunes de la vida moderna, es una línea de investigación incipiente para la psicología. En su estudio habría respuestas importantes a nuestro desarrollo como humanidad

“Lleven libros, muchos libros”, declaró el astrobiólogo Cyprien Verseux luego de un año de encierro. Hablaba en una transmisión en vivo desde Periscope. Era 2016. Compartía al público virtual su experiencia tras haber sido parte de un experimento organizado por la NASA: seis personas, una cúpula de 11 metros de diámetro y seis metros de altura, en un terreno aislado en Hawái, siempre con el traje espacial puesto y con acceso restringido a internet.

La agencia espacial estadounidense buscaba recrear las condiciones que enfrentaría la primera tripulación humana en viajar a Marte. Pero esta vez el objetivo no era entrenar a los pasajeros sobre tareas específicas. La misión, ahora, era estudiar cómo los tripulantes podrían lidiar con el aburrimiento en este viaje.

La preocupación de la NASA no es cosa menor: el aburrimiento es uno de los sentimientos más comunes y generalmente asociados a otras emociones, como la tristeza o la ansiedad, e incluso como una señal de depresión. Una tripulación aburrida podría ser la chispa para poner fin a una misión histórica.

Sin embargo, la misma agencia reconoció la falta de información disponible sobre el tema. Y es que, pese a ser una emoción casi universal, el aburrimiento es un tema del que la psicología ha estudiado muy poco. Casi nada.

“Es como el amor o como el dolor, uno de esos grandes conceptos universales”, dice el doctor Juan Antonio Valdivia, egresado del Tecnológico de Monterrey y el primer extranjero en formar parte de la Asociación Estadounidense de Psicología (APA, por las siglas en inglés). “Damos por hecho que ahí está, pero no lo estudiamos, y eso ha provocado que, a la fecha, no exista una teoría del aburrimiento”.

Una de las primeras personas en colocar la lupa sobre el tema fue John D. Eastwood, investigador de la Universidad de York, en Canadá. En 2020, publicó los resultados de años de investigación, realizada en conjunto con su colega James Dankert. El libro se titula Out of my Skull: The psychology of Boredom y en él define el aburrimiento como una sensación que surge cuando no realizamos alguna actividad o cuando la actividad que estamos realizando pierde sentido para el ser humano.

Pero las investigaciones de Eastwood han sido sólo el inicio de una larga jornada para entender una de las emociones más incómodas para la humanidad. Y, aparentemente, también para la comunidad científica.

CUANDO EL CEREBRO SE ABURRE


Los estudios de John D. Eastwood, de la Universidad de York y pionero en los estudios del aburrimiento, indican que, en los momentos de aburrimiento, el cerebro enciende la llamada red neuronal por defecto, a la que algunos llaman “la voz interior”. Se trata, en realidad, de un sistema que activa una parte de la corteza parietal medial y la corteza prefrontal. Estas conexiones le permiten al cerebro “soñar despierto”, ya que genera las condiciones para planificar escenarios posibles, pensar en soluciones a problemas y dudas, y por ende, ser creativos.



Fuente: Out of my Skull: The psychology of Boredom, Harvard Press, 2020.


¿UNA EMOCIÓN NATURAL O UN CONSTRUCTO SOCIAL?

El aburrimiento parece ser una página en blanco en la historia de la psicología y las neurociencias, quizás por la idea tan arraigada de que se quita tapándolo con una nueva actividad.

En 2005, el filósofo noruego Lars Svendsen publicó el libro A Philosophy of Boredom, en el que ya apuntaba que quizás la filosofía, y no las ciencias duras, era quien debía dar una respuesta al gran porqué del aburrimiento: ¿existe realmente? Y, si existe, ¿es algo que está en la naturaleza humana o es algo que habita sólo en el exterior, como una idea de la sociedad?

Una década después del lanzamiento del libro de Svendsen, se publicó un estudio que arroja las primeras luces para responder a esta interrogante. Se trata del reporte Bored in the USA: Experience Sampling and Boredom in Everyday Life, encabezado por la investigadora Saurabh Bhargava, de la Universidad de Carnegie Mellon; Alycia Chin, de la Oficina para la Protección Financiera del Consumidor, y Amanda Markey, del Williamsburg Collegiate Charter School.

En él, un total de 3,867 estadounidenses accedieron a que el equipo monitoreara, por 10 días, cómo era su dinámica cotidiana, a fin de detectar cuándo y qué tan frecuentemente enfrentaban aburrimiento. Alrededor de 63 % de los participantes dijo haberse sentido aburrido en por lo menos una ocasión durante el estudio, un número alto que, sin embargo, deja la duda de qué pasó por la mente del otro 37 %.

A resultados similares llegó una encuesta de 2018, comisionada por la cadena estadounidense de boliches Bowlero y realizada por la casa encuestadora OnePoll. Si bien la encuesta tuvo fines meramente comerciales, llama la atención que, de los 2,000 participantes, sólo 73% dijo haber sentido aburrimiento durante el año que duró la medición. Además, sólo lo sintieron un promedio de 131 días, es decir, un tercio del año.

No sólo la idea del aburrimiento como concepto universal podría estar perdiendo vigencia, también su existencia a lo largo de la historia de la humanidad. A ello han contribuido los estudios de Luke Fernandez y Susan J. Matt, investigadores de la Universidad de Weber, en el estado de Utah.

Como parte de sus estudios en el área de ciencias de la computación, Fernandez y Matt estudiaron miles de documentos, como cartas y diarios, escritos por personas que vivieron antes del siglo XIX. En contraste, hicieron lo mismo con documentos de personas que vivieron después del siglo XIX. Finalmente, realizaron entrevistas a personas vivas para conocer su experiencia con este sentimiento.

Los hallazgos, concentrados en el libro Bored, Lonely, Angry, Stupid: Changing Feelings about Technology, from the Telegraph to Twitter, indican que el aburrimiento es, en realidad, un concepto moderno que surgió a partir del siglo XX. Antes, la gente sentía hartazgo, hastío o melancolía, y nada más.

Por siglos —indica el libro—, la esperanza de vida fue más corta y el pensamiento religioso limitaba las explicaciones posibles sobre el cuerpo y sus malestares. “La gente se sentía pequeña, limitada, finita, y eso le enseñó que en el universo había fuerzas más grandes y grandiosas que nosotros”.

Hoy, en un mundo altamente tecnologizado, enfrentamos un sentimiento contrario: hemos roto nuestros paradigmas e incluso superado nuestras propias capacidades humanas. Esto ha provocado que los sentimientos, las emociones y las opciones para divertirnos se sientan ilimitadas, como si siempre hubiera algo infinito, algo por hacer e inacabable.

Paradójicamente, esta inmensidad ha sido la que, desde inicios del siglo XX, ha creado el caldo de cultivo para el nacimiento del concepto aburrimiento. “Hablando a nivel psicológico, se produce un sentimiento cada día más grande de frustración y de ansiedad al descubrir que todo se trata de una ilusión creada por la tecnología”.

TECNOLOGÍA Y ABURRIMIENTO, EL MATRIMONIO PERFECTO

En fechas recientes, hemos tenido —y vivido— uno de los mayores retos al aburrimiento. La pandemia por Covid-19 obligó a millones de personas a permanecer en sus casas, una situación que nos obligó a implementar cualquier tipo de actividades para mantenernos entretenidos. Netflix reportó 16 millones de nuevos suscriptores durante los primeros tres meses del año, los cuales coincidieron con el inicio de la cuarentena a nivel mundial. Facebook, por otro lado, anunció un incremento de entre el 10 % y el 11 % en usuarios en sus plataformas Facebook, Instagram, Messenger y WhatsApp.

Si bien la gente ha buscado —durante la pandemia y mucho tiempo antes— espacios de entretenimiento para no caer en el vacío del aburrimiento, cada vez hay más pruebas de que vivir rodeado de estímulos no es la mejor forma de mantener ocupada la mente.

Netflix reportó 16 millones de nuevos suscriptores durante los primeros tres meses del año, los cuales coincidieron con el inicio de la cuarentena a nivel mundial


En su célebre TEDTalk titulada How boredom can lead to your most brilliant ideas, la periodista Manoush Zomorodi, creadora del podcast ZigZag y autora del libro Bored and Brilliant, recopila para el público una serie de entrevistas con especialistas.

“Creemos que podemos hacer cuatro o cinco cosas a la vez y estar atendiendo cada una de ellas, pero no es así como funciona el cerebro”, se escucha. “Cada vez que pasas tu atención de una cosa a otra, tu cerebro libera sustancias neuroquímicas para poder engancharse en una nueva actividad. Pero esos recursos son muy limitados, así que no estás haciendo cuatro o cinco cosas a la vez, sólo estás agotando tus recursos”.

En las últimas décadas, la psicología ha ido explorando nuevas líneas de investigación arropadas en una vertiente llamada psicología positiva. En ella caben, por ejemplo, los estudios sobre las ventajas de dormir bien. También, cada vez más psicólogos analizan las ventajas de tradiciones budistas como la meditación y el mindfulness, una práctica conocida como atención plena, que no es otra cosa que un ejercicio consciente de poner el foco a una sola cosa a la vez.

Si bien el mindfulness no tiene como propósito combatir el aburrimiento, algunos investigadores señalan que esta práctica nos vuelve más conscientes sobre el aquí y el ahora, y de esta forma podríamos encontrar un alivio a la necesidad de consultar las notificaciones del teléfono mientras estamos en medio de una conversación con amigos.

“Para que algo nos dé satisfacción, debe haber un esfuerzo detrás”, refuerza el Dr. Valdivia. “Es como cuando trabajas muy motivado toda la semana porque sabes que el viernes saldrás de fiesta. La mente funciona igual: cuando los estímulos te llegan sin ningún esfuerzo, todo se vuelve plano y no hay disfrute”.

NO ES TAN MALO ABURRIRSE

Así como la tristeza o el dolor, el aburrimiento es una emoción que produce aversión en la mente. Es natural que nuestros pensamientos remen a contracorriente cuando la enfrentamos. Pero, desde hace menos de dos décadas, se ha comenzado a estudiar las consecuencias positivas del aburrimiento en nuestras vidas, así como los efectos negativos de evitarlo.

ASPECTOS POSITIVOS

Aburrirnos permite la llegada de nuevas ideas que dan pie a la creatividad.

Impulsa la resolución de dudas y problemas que normalmente evitamos responder.

Alimenta la curiosidad para emprender nuevos retos y actividades.

ASPECTOS NEGATIVOS

El aburrimiento puede desatar sentimientos de ansiedad en algunas personas.

En un grado crónico puede ser señal de patologías, como la depresión.

Evadir constantemente el aburrimiento disminuye nuestra capacidad de enfrentarlo a futuro.

UN MAL DESEABLE

Podría decirse que el aburrimiento se encuentra en dos grandes categorías. La primera, la de un sentimiento “normal”; la segunda, la de un síntoma patológico. Este último suele estar vinculado con depresión, ansiedad o trastornos de personalidad, así como puede estar relacionado con comportamientos como adicciones y conductas agresivas, según apuntan algunas investigaciones preliminares.

Pero para el aburrimiento cotidiano —ese que se presenta cuando repetimos una misma actividad en un tiempo prolongado o cuando estamos en un mismo espacio o rodeados por la misma gente, tal como en el experimento de la NASA— es un reflejo natural del cerebro en busca de nuevas excitaciones.

Durante décadas, ha prevalecido la idea socialmente interiorizada de que el aburrimiento es una conducta negativa, vergonzosa e incluso castigable, especialmente en situaciones y espacios como el trabajo.

Como apunta el filósofo Lars Svendsen: “el aburrimiento es algo que experimentamos, pero no es algo de lo que hablemos”.


En su libro The Science of Boredom: Why boredom is good, la doctora Sandi Mann, psicóloga de la Universidad de Central Lancashire, apunta que, cuando nos aburrimos, la mente entra en un estado similar al del sueño, en el que va más allá del estado de conciencia, lo que permite generar conexiones que no suceden en un estado de excitación consciente.

Desde la filosofía y la sociología se aventuran otras hipótesis. Por ejemplo, que el aburrimiento ha permitido el desarrollo de las civilizaciones a lo largo del tiempo y que es la razón por la cual permanentemente buscamos movernos, tanto física como mentalmente.

A la larga, es posible que los estudios terminen por confirmar que el aburrimiento tiene un papel relevante que, bien por falta de interés o bien por falta de pruebas, no hemos terminado por entender. Pero para llegar a ese resultado —concluye Mann— primero tendremos que escuchar y resignificar el aburrimiento, en lugar de seguirlo escondiendo debajo de la cama. “Parece paradójico, pero sentirnos aburridos en el corto plazo nos hará menos aburridos en el largo plazo”.