En las aguas de Xochimilco solía vivir un ser que parece estar sonriendo siempre: el ajolote. En náhuatl es conocido como axolotl, que significa “monstruo del agua”. Es la especie Ambystoma mexicanum, endémica del Valle de México y única sobre la faz de la Tierra. Aunque tiene una capacidad sorprendente para regenerar sus extremidades y órganos dañados, actualmente está sufriendo los estragos de la contaminación provocada por el imparable crecimiento de la Ciudad de México.

El ajolote es clave para la investigación científica. Regenera tejido de músculo, hueso, vasos sanguíneos, órganos como el corazón y el hígado. “Alguna vez llegué a tener ajolotes que se lastimaron su ojito y pudieron regenerarlo. ¡Les sale un ojo nuevo! Es una especie increíble. Por eso, muchos investigadores, nacionales e internacionales, han estudiado al ajolote y se lo han llevado lejos”, cuenta Erika Servín Zamora, veterinaria que trabaja con ajolotes desde hace 15 años.

No es la primera vez que la ciencia pone su atención en este animalito. Se sabe que, en 1863, el general francés Elie Frédéric Forey envió 34 ejemplares vivos al Museo de Historia Natural de París, donde el zoólogo Auguste Duméril realizó los primeros estudios científicos, logró su reproducción en cautiverio y envió ejemplares a varios países.

Lo llevaron a Europa, porque ya se sabía de la capacidad de regenerar sus extremidades y empezaron a estudiar la regeneración, la embriogénesis –cómo se desarrolla en la etapa embrionaria–. Históricamente, se fue posicionando como el modelo de estudio vertebrado más trascendente en capacidad regenerativa”,

explica Luis Alfredo Cruz Ramírez, investigador del Laboratorio Nacional de Genómica para la Biodiversidad (Langebio) del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (Cinvestav); además, es coautor del artículo “The axolotl genome and the evolution of key tissue formation regulators”, publicado en 2018, en Nature.

En ese estudio participaron investigadores de Alemania, Austria y México.

Secuenciaron el genoma completo del Ambystoma mexicanum, que cuenta con 32,000 millones pares de bases, 10 veces más que el humano. Es el genoma más grande jamás secuenciado y se logró hacer con una nueva tecnología, conocida como PacBio-platform.

Sergej Nowoshilow, coautor principal del estudio, en un comunicado del Instituto Max Planck (MPI), expone que tienen en sus manos el mapa para investigar cómo regenerar estructuras complicadas como las piernas. “Es un momento crucial para la comunidad de científicos trabajando con el ajolote, un verdadero hito en la aventura de la investigación que inició hace más de 150 años”.

Los laboratorios del mundo tienen su atención puesta en información que antes se consideraba “basura”, pues se alejaba de los llamados genes clásicos, señala Luis Alfredo Cruz Ramírez, quien es doctor en Ciencias. Una de las estrategias de investigación que tienen en el Langebio del Cinvestav es analizar las redes moleculares que controlan los procesos celulares que pudieran estar implicados en la capacidad de regeneración.

El ajolote no es el único animal con esa capacidad de regeneración, ya que existen 32 especies del género Ambystoma y todas lo pueden hacer. “La mayor parte de los organismos, tanto plantas como animales, tienen capacidades de regenerar en diferentes niveles”, explica el doctor Cruz Ramírez, quien lleva cinco años estudiando esta especie. Sin embargo, asegura este investigador, en el ajolote tiene un mayor potencial. “Es capaz de regenerar extremidades como las patas, la cola, la retina, regiones del corazón, regiones de las branquias y del cerebro. Eso lo hace más interesante”.

¿Por qué está en riesgo?

Desde tiempos inmemoriales, el ajolote había vivido en el complejo sistema lagunar que existía en el Valle de México a principios del siglo XVI, el cual abarcaba también el lago de Texcoco, el lago de Chalco y sus conexiones con el de Zumpango y el de Xaltocán, según señala un documento de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad (Conabio). Sin embargo, ahora quedan pocos ejemplares de este anfibio en vida libre en el sistema de canales de Xochimilco, en la Ciudad de México.

Esta especie Ambystoma mexicanum está en peligro de extinción debido al crecimiento de la mancha urbana, la contaminación del agua y la introducción de peces exóticos, como la carpa, la tilapia y la lobina negra.

En realidad, el ajolote debería ser una especie sin riesgos, porque se reproduce con facilidad, reconoce la química María Isabel Coria Cantú, profesora del Departamento de Ciencias del bachillerato del Tecnológico de Monterrey, Campus Ciudad de México. “En vida silvestre, lo que les pega es la contaminación; ése es el problema”, afirma. Para Servín Zamora han existido avances respecto a su cuidado y reproducción. Ella empezó a trabajar con el ajolote en el Zoológico de Chapultepec, cuando aún era estudiante de licenciatura y enfocó su tesis, precisamente, en la creación de un manual de mantenimiento en cautiverio y medicina veterinaria aplicada el ajolote de Xochimilco.

No todo está perdido

El ajolote es una especie “sombrilla”. Al protegerla, se cuida al resto de las especies que viven en su hábitat. Por ello, y debido a su importancia científica, biológica y cultural, hay instituciones que se han comprometido con la conservación de la especie y de Xochimilco, su hábitat natural. El referente nacional e internacional es el CIBAC, único espacio a nivel mundial dedicado a la producción masiva de crías de ajolote con fines de conservación.

El coordinador del CIBAC es José Antonio Ocampo Cervantes, quien explica que esta Unidad de Manejo Ambiental se encarga de mantener una colonia originada con 30 ejemplares silvestres que se capturaron hace unos 15 años y que ahora fluctúa entre 700 y 1,200 ejemplares, según la temporada. “La idea es conservar una población con una buena salud genética pensando que, si las condiciones del sistema lo permiten, se pudiera hacer alguna reintroducción, o bien, si Xochimilco ya no permite la introducción de la especie, tratar de conservar el acervo genético de esta especie”, destaca.