En 1871

Heinrich Schliemann, un excéntrico millonario alemán devenido arqueólogo, encontró las ruinas de Troya en lo que hoy es Turquía. Cuarenta años después, en 1911, el explorador Hiram Bingham se internó sin saberlo en la “ciudad perdida de los incas” y descubrió Machu Picchu. En 1922, cuando los egiptólogos pensaban que nunca encontrarían una tumba intacta, Howard Carter halló la cámara mortuoria de Tutankamón. Con estos hitos como antecedentes, cuando Becca Bender vio aquel rollo de película no dudó: al fin, había llegado su momento de gloria. Era 2017 y esta archivista estadounidense había tropezado con una polvorienta caja de cartón en el Lincoln Center de Nueva York. En ella había varios rollos de filmes de 35 milímetros. Todos los estuches estaban marcados con una etiqueta: “Godowsky Home Movies” o películas caseras Godowsky. Salvo uno. Era un rollo distinto. Uno en el que se leía una sola palabra, mágica: “Einstein”.

“¿Se trataba de una película perdida de Albert Einstein?”, se preguntó Bender. Al fin y al cabo, el pianista polaco Leopold Godowsky y su hijo, el químico Leopold Godowsky Jr. –inventor de la película para diapositivas en color llamada Kodachrome–, habían sido amigos del físico alemán y de su esposa Elsa. Afortunadamente, la película se había mantenido en perfectas condiciones. Bender llevó la cinta a un laboratorio donde cada diapositiva fue inspeccionada manualmente bajo una lupa. Lo que vio fue extraordinario: ahí estaban Einstein y su esposa como pocos los habían visto, en un set de filmación de Warner Bros. y conduciendo un automóvil el 3 de febrero de 1931, pese a que el físico ganador del Premio Nobel nunca aprendió a manejar.

“En un estudio de Hollywood, el equipo de efectos especiales lo filmó fingiendo conducir un coche parado, y luego, por la tarde, lo divirtieron mostrándole cómo hacían que pareciera que iba conduciendo a toda velocidad a través de Los Ángeles, saliendo disparado hacia las nubes, sobrevolando las Montañas Rocosas y, finalmente, aterrizando en la campiña alemana”. La anécdota, reconstruida a partir de recortes de periódicos, es mencionada por Walter Isaacson en el libro Einstein. Su vida y su universo. Nadie había visto la grabación hasta que Becca Bender exilió aquel momento del olvido.

El científico más importante del siglo XX quedó fascinado no sólo por las maravillas técnicas de la por entonces ascendente industria de los efectos especiales, sino también porque, de alguna manera, había hecho realidad una fantasía instalada en el imaginario colectivo desde el debut en 1886 del primer automóvil de la historia, el Benz Patent-Motorwagen: conducir un coche volador.

No hay época en la que los humanos no hayan deseado o soñado volar como pájaros.

¿POR QUÉ TODAVÍA NO VUELAN LOS COCHES? AQUÍ HAY 5 RAZONES


5 razones

FUENTE: JORGE EDUARDO AGUIRRE AGUILAR, TECNOLÓGICO DE MONTERREY.

LA PROMESA ETERNA

En la edición de marzo de 1957 de la revista Mechanix Illustrated, no barajaban probabilidades. Aportaban certezas desde su título: “Platillos voladores para todos”, aseguraban. “En menos de diez años –se leía en el artículo–, usted viajará de casa al trabajo a bordo de un platillo de plástico. Entre la fundación de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) a mediados de los años 50 y el fin de la serie animada Los Supersónicos (1963) –una época conocida como la “Edad de Oro del Futurismo estadounidense”– se consolidaron algunos de los más ambiciosos sueños y aspiraciones científicas que prometían alterar la vida urbana para siempre.

Ligero

LIGERO

Sus diez motores eléctricos permiten que Flyer funcione como si fuera un dron.

“Algún día, pronto, podrás ir volando a trabajar”, proclamaba la revista Popular Science en 1955. “Saldrás de la casa después de un desayuno relajado, saltarás al ‘platillo volador’ de la familia aparcado en el césped y te llevará a tu oficina en unos minutos”. En 1957, en Popular Mechanics se auguraba: “Su auto volador en 1967: el Hiller’s Aerial Sedan”. Y se veía a una pareja en su coche volador amarillo. “Una nueva máquina voladora está siendo diseñada por la compañía Hiller Helicopters. Es casi como una alfombra mágica”.

Estas fantasías que se inyectaban en la imaginación popular de los consumidores y futuros ingenieros no eran nuevas. Ya en 1841 los ingleses William Samuel Henson y John Stringfellow habían diseñado y patentado un auto volador impulsado por vapor. Lo llamaron Aerial Steam Carriage (“Vagón aéreo de vapor”). Podría haber sido el primer coche volador de la historia si hubiese sido construido. Pero nunca ocurrió.

LOS MODELOS AÉREOS QUE VIENEN

Aeromobil

Aeromobil. Avión eslovaco de diseño aerodinámico, diseñado por Štefan Klein y volado por primera vez en 2013.

Airbus

Airbus Pop.Up Vehículo modular de Airbus, presentado en el marco del Salón del Automóvil de Ginebra. Cada módulo, independiente y eléctrico, será operado por un sistema de inteligencia artificial.

Durante décadas, los más audaces inventores han estado persiguiendo la idea, pero con pocos resultados concretos para demostrarlo. Modelos como el Waterman Aerobile (1937), el ConVairCar Model 118 (1947), el Aero-Car (1966), el AVE Mizar (1973) eran más avionetas tuneadas que coches voladores o simplemente vehículos con alas. El Modelo Hélica (1921) del industrial francés Marcel Leyat era un auto equipado con una gran hélice frontal protegida por una estructura metálica.

Muchos intrépidos emprendedores que invirtieron en estas promesas se arruinaron. Algunos incluso murieron en el intento: el 11 de septiembre de 1973, Harry A. Smolinsky y Harold Blake, presidente y vicepresidente de la empresa Advanced Vehicle Engineers, fallecieron en un vuelo de prueba del AVE Mizar también conocido como el “Ford Pinto Volador” en California, luego de invertir dos millones de dólares. La máquina logró despegar, pero, un par de minutos después, el ala derecha se desprendió del aparato, que dio un giro en el aire e inmediatamente se desplomó.

CON MAYOR SEGURIDAD

PAL-V

PAL-V es un auto holandés que ofrece la opción de volar y conducir por las calles. Puede despegar y aterrizar como helicóptero, pero, en el aire, vuela como avión. Emplea una gran hélice superior y se propulsa con el aire que pasa entre sus aletas. Según la compañía, ofrece seguridad en el usuario y “las turbulencias apenas se sientan cuando hace viento”. Si hay mal clima, se puede aterrizar para conducir hacia donde la visibilidad sea buena y despegar de nuevo. Es un modelo duoplaza diseñado para circular por las ciudades. Se puede estacionar como cualquier auto común, incluso en un estacionamiento cubierto. Ya está a la venta y se puede ir a una escuela en donde el usuario puede recibir un entrenamiento para familiarizarse con el vehículo.

Entrevista

México, panorama difícil

*Jorge Eduardo Aguirre Aguilar, director de la carrera de Ingeniería en Diseño Automotriz del Tec de Monterrey, es líder en la competencia Formula Student UK.

NO NECESITAMOS CARRETERAS

Se viene una combinación entre avión y automóvil. Se pueden reír, pero vendrá”. Esta predicción de Henry Ford, en 1940, es la frase de cabecera de todos aquellos inventores, ingenieros, emprendedores y soñadores que aún defienden la idea de los coches voladores y que crecieron alimentados por las máquinas aéreas de Buck Rogers, Star Wars, Blade Runner, Back to the Future y The Fifth Element. Actualmente, las dos versiones más conocidas de vehículos voladores son la M400 Skycar de Paul Moller –parecido a un minijet rojo– y el modelo TF-X de Terrafugia, también de despegue vertical, con dos hélices, motor eléctrico y alas desplegables. Ambos están a la venta; ninguno ha sido entregado a un cliente.

El primer vuelo tripulado está planificado para 2019. De fabricación holandesa, el PAL-V Liberty se suma a esta carrera tecnológica junto al alemán Volocopter, el coche-dron de la compañía china Ehang y el Vahana de Airbus. Otro competidor, Kitty Hawk, la startup de taxis voladores propiedad de Larry Page, ha estado probando su taxi aéreo sobre Nueva Zelanda.

La movilidad urbana es uno de los grandes movilizadores de capitales: en Japón, por ejemplo, el gobierno está impulsando el sector y apoyará a 21 compañías –entre ellas Uber, Boeing, Airbus, Cartivator y Japan Airlines– para establecer un sistema legal en el que funcionen los autos voladores. Y se espera que uno, financiado por Toyota, llamado SkyDrive, se utilice para encender la llama olímpica en Tokio en 2020. Uber Technologies Inc. anunció, en mayo, que abrirá su primer centro de investigación y desarrollo fuera de Estados Unidos: un laboratorio en París centrado en vehículos voladores.

En menos de 200 años se pasó de la “ciudad peatonal” –antes de 1880, de calles angostas, serpenteantes y sin pavimentar– a la “ciudad tranvía” (1880-1920) y luego a la ciudad automovilística (después de 1920), que provocó, según el arquitecto y urbanista Kent Larson, una marcada división social: personas adineradas y blancas –capaces de moverse en automóvil– se mudaron a los suburbios y las carreteras dividieron los vecindarios aislando y formando ghettos de poblaciones pobres y minoritarias. Durante el siglo pasado, el coche dio forma a las calles y los entornos a su alrededor. Pero su reinado está a punto de colapsar. Junto a los autónomos, los automóviles voladores propiciarán cambios sísmicos en nuestros estilos de vida urbanos. La “nueva movilidad” creará una ciudad ya no para las máquinas sino, al fin, para sus habitantes, las personas.

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SILENTES

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