Nuestros días están llenos de puertas virtuales que tenemos que abrir. La puerta de las redes sociales, la del correo electrónico, la de nuestra cuenta bancaria. La mayoría permite el paso gracias a contraseñas; basta con teclear una combinación secreta de números o letras y listo, estás dentro.

La “Encuesta al consumidor: hábitos de contraseña”, realizada por la firma de protección de identidad CSID en Estados Unidos, revela que algunos usuarios tienen hasta cinco combinaciones diferentes para ingresar a estas plataformas. Pero 61 % usa la misma contraseña para todo. Esta práctica los deja vulnerables a hackeos.

Para aumentar los niveles de seguridad en los procesos de autentificación, la industria tecnológica ha decidido mirar hacia la biometría: esa ciencia que utiliza las propiedades físicas, fisiológicas, de comportamiento o rasgos de personalidad de cada individuo –como sus huellas digitales, el iris o la voz– para identificarlas. La información que llevamos en el cuerpo se convierte en el código de acceso.

Entre lo físico y la conducta



El capitán John Anderton avanza por un pasillo. Mientras camina, ve una serie de anuncios: una marca de automóviles, un perfume, una cerveza. La publicidad no está en vallas, parece estar flotando en el aire. Con la lectura del iris, los comercios saben quién es Anderton y le hacen ofertas personalizadas. Es 2054 y el marketing biométrico es una realidad, al menos en la película Minority Report.

Hoy, algunos sistemas biométricos parecen sacados de filmes de ciencia ficción. “Lo interesante ahora es que no son sólo humanos reconociendo humanos, sino también son máquinas”, explica Ken Bauer, profesor de Ciencias Computacionales del Tec de Monterrey, Campus Guadalajara.

La biometría se divide en dos grandes categorías. La primera abarca los datos físicos y fisiológicos, que incluye las huellas digitales, el rostro y los olores corporales. “Lo que somos”, explica Bauer. El segundo grupo está integrado por datos conductuales. El más conocido de estos es la firma, sin embargo va más allá: ya hay sistemas que incluso reconocen la forma de caminar y la voz.

La infraestructura del sistema biométrico cambia según el dato que desea leer. Un ejemplo es el sistema de reconocimiento facial del iPhone X, que proyecta 30,000 puntos infrarrojos sobre el rostro para realizar una autenticación. La firma, el dato biométrico conductual por excelencia, se puede analizar de dos maneras: por comparación simple, que considera el grado de parecido entre dos firmas. O por la verificación dinámica, que toma en cuenta factores como la forma, la velocidad del trazo, la presión de la pluma y la duración del proceso.

¿privacidad?



Las manifestaciones de 2019 en Hong Kong tenían una particularidad: los hongkoneses marchaban usando máscaras. Era una estrategia para ocultar su identidad, pues temían que el gobierno los reconociera y monitoreara sus actividades gracias a sistemas de reconocimiento facial. En octubre, las máscaras fueron prohibidas.

Esto dio lugar a los rayos láser, que apuntaban directo hacia las cámaras de seguridad. Así bloqueaban los lentes e impedían ser reconocidos. Los manifestantes prodemocracia acusan al gobierno de Carrie Lam, cercana al poder central en Beijing, de querer usar ese tipo de identificación para perseguirlos. Este, señalan los expertos, es uno de los puntos negativos de la biometría.

“Hay cámaras en todos lados. Hoy es muy complicado, estamos siendo reconocidos todo el tiempo”, señala Bauer, quien afirma que el riesgo es que no se respeten los derechos de privacidad y de protección de datos de las personas. Que, sin saberlo, se recopile información fácilmente y sin los cuidados adecuados.

Ante el peligro, las legislaciones –adicionales a las generales de protección de datos personales– han aparecido. En ciudades como San Francisco y Oakland, en Estados Unidos, se ha impulsado que el gobierno tenga prohibido el uso de tecnología de reconocimiento facial. Illinois y Texas impusieron límites para el uso de datos biométricos. Y en diferentes países propuestas similares están en proceso de discusión.

La gravedad del mal manejo de este tipo de datos, explica Bauer, es que no se pueden modificar o hacer más fuertes, a diferencia de una contraseña. Por ello, la protección de estos datos debe ser muy estricta. Y mientras el panorama cambia, Kaspersky sugiere usar la biometría como método secundario de protección, sin reemplazarlo totalmente. Al menos por ahora.



INFOGRAFÍA: DIANA ESTEFANÍA RUBIO

ANIMACIÓN: EVELYN AC / PAMELA JARQUIN