Algunos los ven con miedo, otros con amor o entusiasmo. Sin embargo, estas máquinas que pueden aprender de los humanos vienen dispuestas a seducir Al mundo y ganarse nuestra confianza

El 13 de septiembre de 2017 fue un día histórico en el Teatro Verdi de Pisa, en Italia. Esa noche hizo su debut un nobel director, al frente de la orquesta filarmónica de Lucca. Desde las primeras notas, el público se sorprendió al ver cómo movía los brazos sin nada de nerviosismo y con un alto nivel de gesto y fluidez en sus movimientos, así como un increíble matiz de expresión, según publicó el diario Il Fatto Quotidiano.

La revelación de ese concierto en aquella ciudad toscana fue extraordinaria no sólo para la música, también para la industria y la economía del planeta, porque ese director de orquesta era Yumi, un robot que logró mover la batuta con la precisión de un humano. Incluso, le robó el escenario al tenor Andrea Bocelli.

Andrea Colombini, director original de la filarmónica de Lucca, confiesa que dudó cuando la empresa ABB le propuso la idea. Yumi puede enhebrar una aguja, pero en el caso de la dirección de una orquesta el reto era la delicadeza de los movimientos. Sin embargo, Yumi conquistó a Colombini cuando lo conoció y hasta le preparó un café.

Al finalizar la pieza musical, en el Teatro Verdi, el maestro de ceremonias dirigió unas palabras al público: “Quiero pedir un último aplauso para el director de la orquesta, el maestro Colombini, porque a partir de hoy está despedido”. Todos soltaron una carcajada, pero la inquietud al respecto era real.

En la gala en que Yumi fue presentado, la pregunta estaba en el aire: ¿sustituirá este robot al director de orquesta? Unos días antes hubo mucha polémica, directores de orquesta se declararon en contra del “experimento”. Sin embargo, no era un proyecto para quitar al director humano, sino simplemente se quería acercar a la gente a un fenómeno cada vez más presente en la robótica: los cobots o robots colaborativos.

Yumi es un cobot preciso, ágil y flexible. Su principal característica es que puede trabajar cerca de los humanos, por su diseño seguro, que cuenta con sensores y cámaras. Fue desarrollado por la empresa ABB y su costo es accesible para las pymes y no requiere de un ingeniero para funcionar. Ofrece ventajas, aunque también despierta viejos temores.

¿Miedo sin fundamento?

A mediados de los años 70, ABB Robotics presentó a IRB6, el primer robot industrial comercializado, eléctrico y controlado por un microprocesador, que se entregó a una empresa de ingeniería mecánica en Suecia. Con ello, inició la era de la robótica. Sin embargo, hasta la llegada de los cobots, no se había logrado un verdadero trabajo colaborativo entre máquinas y humanos.

Hoy, estamos en la era de la industria 4.0, la de los datos, aunque las anteriores transformaciones no fueron menos impactantes. Y no sólo las universidades miran hacia el futuro, también las empresas. Las inquietudes acerca de los riesgos de esta transformación se equiparan a las de otros tiempos. Cuando ABB Robotics comercializó el primer robot, según registros de la empresa, los trabajadores miraron con escepticismo a su “competidor” automatizado, por miedo a perder sus empleos.

La historia muestra que las revoluciones industriales abren espacios de oportunidad y que el temor de las personas por ser “sustituibles” no está fundado. La primera, por ejemplo, reemplazó la fuerza física por el vapor y se generalizó tan rápido que llegó a provocar motines obreros, como sucedió en abril de 1826 en Blackburn, Reino Unido, donde se acusó a las máquinas de vapor de propiciar el desempleo obrero. 

La segunda revolución hizo posible el consumo masivo, mientras que la tercera trajo las computadoras. “La introducción de la PC, por ejemplo, creó más de 1,500 puestos de trabajo completamente nuevos. Imagina los que se pueden necesitar en una década”, señala Sergio Bautista, gerente de ventas de ABB México.

Tendencia que crece

Yumi realiza actividades repetitivas y de capacidad cognitiva. Sin embargo, no puede cambiar la instrucción en el momento, como hacemos los humanos. En las instalaciones de ABB en Milán, Andrea Colombini lo programó durante dos días. Se recostó sobre él, le cogió los brazos y empezó a moverlos siguiendo la música. El cobot aprendió muy rápido. 

Los robots colaborativos son, sobre todo, una plataforma. Esto es, se adquieren módulos de aprendizaje al fabricante que son “cargados” al cobot –por ejemplo, la impresión de circuitos–, o bien se desarrolla la propiedad intelectual para que la plataforma tenga nuevas funciones para una industria en específico, o actividades particulares en un proceso productivo.

De acuerdo con Interact Analysis, el mercado de los cobots creció 60% en 2018. Gran parte de ese aumento se explica por lo fácil que es emplearlos, con curvas de adopción más rápidas que los robots industriales tradicionales, un factor relevante entre las pequeñas y medianas empresas. Por otro lado, la Federación Internacional de Robótica (IFR) pronostica que el incremento anual de robots para 2021 será de 630,000 unidades, incluidos los cobots. Se colocarán, sobre todo, en las principales industrias manufactureras, como la automotriz, eléctrica-electrónica y metal-mecánica. Para 2030, estima PwC, 45% de los trabajos en manufactura serán reemplazados por la automatización; un 53% en transporte y almacenamiento. En cuanto a puestos específicos, proyecta que 60% de los operadores de máquinas serán sustituidos.

Los robots se crearon para realizar trabajos que resultan tediosos, peligrosos o aburridos para los humanos, también para realizar tareas que necesiten velocidad y precisión o resistencia que el humano no puede proveer. 

En Europa del Este, por ejemplo, se usan en el área de manufactura y automatización; en Australia, más en minería; Estados Unidos lidera el desarrollo de robots, sobre todo en aplicaciones militares y exploración espacial. Pero quien lleva la delantera es el continente asiático. Allí está 50% del total de robots que se usan a escala mundial. Corea del Sur es el país propietario de más robots en el mundo; cuenta con unos 300,000, cuenta Alejandra Rosado Ortiz, directora del Programa Académico de la Ingeniería en Mecatrónica del Tecnológico de Monterrey.

A corto plazo, se calcula que los robots (incluidos los cobots) de tipo industrial verán crecimientos de 25%, que se estabilizarán para 2022 en tasas de 15%, como parte natural de la maduración de la tecnología, estima IDC. El mayor crecimiento será en el rubro de cobots, ya que se pueden adaptar para tareas en otras industrias, fuera de la manufactura, dada su capacidad de integrarse a lugares de trabajo compartidos con humanos, como  en las industrias de servicios y el sector.

Los países con mayor índice de automatización con cobots son los desarrollados, donde la presión de altos salarios y una mayor productividad determinan las inversiones. Una de las áreas que más avanza es la de los cobots equipados con sensores de temperatura, acústicos, táctiles y de visión. Un ejemplo de la tendencia futura, donde los cobots se potencializarán con el uso de inteligencia artificial para realizar cada vez más tareas sofisticadas, es la cadena de hoteles Hilton. Ahí se comenzó a usar al robot Connie como concierge, para orientar a los clientes con información del hotel y recomendaciones de lugares para visitar.

En Japón, el uso de la inteligencia artificial ha logrado que sitios como Henna Hotel sean atendidos totalmente por robots. Otro ejemplo es el restaurante Spyce, en Estados Unidos, que utiliza robots para preparar alimentos complejos bajo la supervisión de un chef nivel Michelin y, en China, existe una sucursal prototipo atendida por cobots, sin un solo empleado humano. Respecto al hecho de que se piensa que esa cocina robótica sustituye a los humanos, los creadores de Spyce –cuatro graduados del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)– dicen que se ha transferido el trabajo pesado de las personas a las máquinas y que aumenta la eficiencia. Afirman que los empleos de camareros se han conservado, además de que dos chefs supervisan que el menú sea apetitoso y saludable.

¿Vienen por tu trabajo?

Cuando se dirige una orquesta, el brazo derecho indica el ritmo, y el izquierdo es el que da la intensidad de la música. Mover los brazos con delicadeza fue un reto para Yumi, pero lo logró gracias al entrenamiento que le dio Colombini. Sin ello, no hubiera logrado dirigir a los músicos, ya que sus movimientos eran torpes.

Desde la perspectiva del mercado laboral, los robots son benéficos para los fabricantes más productivos, aunque en el caso de los cobots, la colaboración humana es indispensable. En ABB creen que la fábrica del futuro estará habilitada por robots colaborativos. Sergio Bautista pone de ejemplo un atomizador de pintura conectado que tiene la empresa, el cual puede usar datos controlados por sensores para optimizar la calidad de la pintura a medida que se aplica en tiempo real, en vez de confiar en controles de calidad post-pintura para encontrar errores.

Los robots industriales redujeron su precio 23 veces, de 2008 a 2013, resultado de un entorno más competitivo en términos de costos y complacencia al consumidor, reporta IDC. En el caso de los cobots, el precio puede llegar a ser menor al de un robot tradicional, lo que puede hacer una revolución en las pymes. Yumi, por ejemplo, tiene un costo de unos 800,000 pesos.

Muchos países enfrentan una transformación demográfica: gran parte de la población está envejeciendo y casi se jubila, mientras los jóvenes no quieren trabajos aburridos, sucios o peligrosos. “Los millennials que crecieron en un mundo digital quieren desafíos mentales gratificantes, no físicos”, expone Bautista. Por ello, las empresas recurren cada vez más a los robots para compensar la escasez de mano de obra para todo, desde la fabricación de teléfonos celulares hasta el manejo de miles de paquetes por día en un centro de cumplimiento como el que tiene la empresa Amazon.

Una mayor demanda de robots permitirá una reducción en los precios. Los cobots son una tecnología medular para la implementación de manufactura 4.0, en conjunto con la Inteligencia Artificial y el Internet de las Cosas. “El uso de robots o cobots pondrá en jaque el panorama laboral de muchos países, incluyendo México”, opina Jorge Gómez, director de Soluciones Empresariales para IDC. De acuerdo con el último estudio mundial –que incluye a México– de la firma, sobre la adopción de robótica y drones, la razón principal para invertir en robots es reducir costos laborales. El documento expone que la robótica será la tecnología más importante para el futuro de las organizaciones de manufactura, en cinco años.

En México y en el planeta, aún hay un largo viaje entre la verdadera fábrica del futuro y la industria actual. Con o sin estrategia como país, la transformación ya está ocurriendo: la cantidad de robots industriales en el mundo se duplica cada cinco años.

La baja en el precio de los cobots y el aumento en el desempeño, tanto de hardware como de software, así como su flexibilidad para aprender y adaptarse a nuevas tareas, son algunas de las razones del fenómeno, al que este país no ha sido ajeno. En noviembre de 2018, por ejemplo, el fabricante danés Universal Robots inauguró en Querétaro el Centro de Capacitación en Robótica Colaborativa, una réplica idéntica a la que tiene en Dinamarca.

“Existen muy pocas empresas mexicanas dedicadas al diseño de robots y esto podría incentivarse con la continuación de programas de apoyo gubernamental y académico, como son los programas de estímulo a la innovación de Conacyt”, considera Ismael López, investigador de Robótica y Manufactura Avanzada del Cinvestav.

La industria manufacturera mexicana es la que más contribuye al producto interno bruto, y donde la robótica tiene mayor potencial de crecimiento; aproximadamente, 63% de las inversiones en robótica vendrán de este sector. En México, según IDC, en 2019 la industria robótica –incluidos los cobots– tendrá un valor de 654 millones de dólares (mdd) y, para 2021, habrá crecido 2.5 veces en tamaño.

Oportunidades y desafíos

Al final de la pieza dirigida por Yumi, el presentador le preguntó a Colombini si instruir un robot podría significar que sería sustituido en un futuro. El escepticismo ante la convivencia entre robots y humanos fue evidente en un ensayo, cuando los miembros de la orquesta no vieron a un artista, sino una máquina frente a ellos. El violoncelista Federico Cipriano, por ejemplo, piensa que el robot no puede cambiar durante la interpretación el sentimiento de la pieza.

Los académicos y participantes de la industria consideran que los humanos no serán desplazados; detrás del automatismo siempre habrá personal técnico encargado de la programación. La perspectiva es que las personas seguirán teniendo un papel importante. “Las industrias eficientes y altamente automatizadas crean nuevos puestos de trabajo y pagan mejor a los puestos calificados. También tienden a perder menos personas durante las recesiones económicas”, opina Sergio Bautista.

Los gobiernos –considera el directivo de ABB México– necesitan crear incentivos de políticas tales como exenciones fiscales para alentar la inversión corporativa en capacitación, y enfocar los recursos en el desarrollo de habilidades para las cuales se pronostica la demanda, sobre todo en industrias en las que México muestra ventaja competitiva, como la automotriz.

La Unión Europea ha sido una de las principales interesadas en la legislación del uso de robots. Alejandra Rosado, del Tecnológico de Monterrey, explica que, en aquel continente, inclusive, se determinaron las seis leyes de la robótica: los robots deben tener un interruptor de emergencia; no podrán hacer daño a los humanos; no podrán generarse relaciones emocionales con los robots; aquellos de mayor tamaño deberán tener un seguro obligatorio; los robots deberán tener derechos y obligaciones; además, pagarán impuestos. Sin embargo, un dilema importante a resolver es que los trabajadores dominen las tecnologías digitales que utilizan los cobots. Anderson Ramires, socio de Tecnología, Medios y Telecomunicaciones de PwC, agrega otro gran desafío: la obsolescencia de los robots. Es decir, el avance de la tecnología rebasa muchas veces la capacidad de las empresas para mantenerse actualizadas.

Jorge Gómez, de IDC, plantea una propuesta: “Es importante que las naciones empiecen a implementar las medidas que tomarán para paliar este fenómeno; algunas posibles soluciones serían la generación de un ingreso universal, mientras se capacita al ciudadano para realizar otra labor productiva, o bien sindicatos de trabajadores que sean dueños de grandes cantidades de robots que pongan al servicio de la industria y participen de las utilidades/beneficios en productividad de la empresa”.

Los empleadores, por otro lado, pueden modificar los procesos de aprendizaje en un esfuerzo en común con los sistemas educativos, para adaptar la oferta de la fuerza laboral a la demanda de habilidades de forma más efectiva. La clave es la colaboración entre la industria y los institutos de educación para comprender las principales tendencias y los requisitos de habilidades para apoyarlos. Carlos Zegarra, socio líder de Management Consulting en PwC, cita que, según las más recientes encuestas de la consultora, cuatro de cada 10 empresas de la industria manufacturera admiten que uno de sus mayores retos es hallar gente con las competencias adecuadas para los puestos que tienen disponibles. “Aquí hay una oportunidad para los robots”, asegura.

En las industrias de alto riesgo, como la minería, los cobots pueden garantizar la seguridad de los humanos y, además, incrementar la eficiencia en actividades repetitivas. Sin embargo, unos de los desafíos serán las normatividades de seguridad, cuando el humano entra en el espacio de trabajo del robot y viceversa. Aunque existen estándares internacionales de seguridad, como el ISO 10218, conforme avance el uso de los cobots tendrán que ajustarse a la normatividad, opina López.

Aquella noche en el Teatro Verdi, Colombini no titubeó. Su respuesta ante la sugerencia de que sería desplazado fue el silencio. Enseguida, tomó la batuta, quitó a Yumi, se puso delante de la orquesta y dirigió la misma pieza que acababa de dirigir el cobot. Esta vez la dirección se condujo con sentimiento.