EL HALLAZGO PALEONTOLÓGICO DEL SIGLO



UN ABUNDANTE TESORO DEL PLEISTOCENO

Por Aminetth Sánchez

Todo empezó con una llamada. Aquella tarde de octubre de 2019, el teléfono de Jesús Cantoral Herrera timbró y rompió de forma abrupta con su rutina. Al otro lado, los responsables de supervisar las excavaciones en la Base Aérea Militar de Santa Lucía, en el Estado de México, le tenían una noticia: habían encontrado algo extraño. No era una raíz, tampoco un acuífero y mucho menos un yacimiento de petróleo. Eran como unas ramas. Sí, explicaron al ingeniero constructor, unas ramas que estaban muy enterradas.

La llamada fue el disparo de salida. Cantoral Herrera, capitán primero del Ejército y jefe de la mesa de rescate arqueológico de la construcción del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles, y un grupo de especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) acudieron al sitio exacto en el límite norte del terreno de 3,740 hectáreas y ubicaron el hallazgo a pocos metros del área donde estarán los tanques de almacenamiento de combustible. Detuvieron las excavaciones, cercaron la zona, registraron el descubrimiento y empezaron a tratar de armar el rompecabezas para descubrir qué eran esas piezas enterradas a una profundidad de entre dos y tres metros.

Pronto terminó la confusión: no se trataba de ramas, eran restos paleontológicos. Huesos de un mamut colombino (Mammuthus columbi) de antigüedad aproximada de entre 10,000 y 25,000 años, en el pleistoceno tardío, periodo calificado por los especialistas como complejo por los cambios climáticos, las glaciaciones y las deglaciaciones que alteraron los ecosistemas hasta llevarlos a la extinción. Un ejemplar enorme de esas especies que se distribuyeron de forma aislada al sur del continente y se han hallado poblaciones más grandes en la ribera del lago Xaltocan, en la Cuenca de México, detalla Joaquín Arroyo Cabrales, profesor investigador del laboratorio de Arqueozoología de la Subdirección de Laboratorios y Apoyo Académico del INAH.

Apenas unos meses antes del hallazgo, en marzo de ese mismo año, el Ejército mexicano había comenzado los trabajos para construir el nuevo aeropuerto a poco más de 50 kilómetros de la Ciudad de México. Estudiaron el terreno, hicieron recorridos de prospección superficial con arqueólogos y concluyeron que era muy probable que encontraran algunos bienes paleontológicos, pues en la década de los 50 —cuando se construyó la base aérea— se halló un molar de mamut colombino, y luego en los 80 y 90 se registraron un par de hallazgos más. Eran sólo unas pistas del tesoro histórico que podían descubrir.

Pero nunca sospecharon el tamaño del tesoro que encontrarían entre bloques y toneladas de tierra. Ni en sus sueños lo calcularon. “Lo que no nos esperábamos, nunca imaginamos, fue la cantidad”, cuenta Cantoral Herrera. “El proyecto inicial se había pensado para llegar a darle tratamiento hasta a 15 ejemplares de mamut”.

El de octubre fue el primer hallazgo. Después de ese, la cifra se multiplicó. Hasta hoy, los equipos de trabajo han identificado 147 puntos de hallazgo y más de 70 restos de mamuts, camellos, caballos, bisontes, antílopes, aves y peces. Esto, en menos del 1% de la superficie total de la construcción del aeropuerto. “Es un hallazgo que está apuntando a ser ya el más importante de América Latina, tanto por la cantidad de restos óseos encontrados, como por los contextos en que los hemos hallado”, dice Rubén Manzanilla López, miembro del equipo del INAH y responsable del saneamiento arqueológico del Aeropuerto Internacional Felipe Ángeles.

Un exceso inesperado. Para Eduardo Corona, uno de los coordinadores del Proyecto de Prehistoria y Paleoambientes del Noroeste de la Cuenca de México del instituto de antropología, las excavaciones son como partir una rosca de reyes: mientras se sigue cavando, existe la posibilidad de que ‘salga’ el niño. “El problema aquí va a ser el 2 de febrero: administrar la abundancia”, afirma.

Porque ninguno de los hallazgos ha sido igual a otro; para organizarlos fueron clasificados en tres diferentes contextos paleontológicos. El primer grupo son los ejemplares encontrados en la misma posición en la que murieron. El segundo son los restos dispersos y el tercero son los huesos aislados que aparecieron en un estrato arenoso más profundo, posiblemente por el arrastre de una corriente de agua, por la actividad de animales carroñeros e, incluso, los expertos consideran que el hombre pudo estar involucrado en el aprovechamiento de estas especies.

“Lo que enriquece la investigación es esta gran variedad y le va a dar mucho material a los investigadores”, prevé el jefe de la mesa de rescate arqueológico de la construcción.


RADIOGRAFÍA A TRAVÉS DEL TIEMPO

El límite norte de lo que será el aeropuerto internacional es como un campo minado: las personas tienen que andar con cuidado por el terreno para no afectar ninguno de los puntos de hallazgo marcados con pequeñas estacas de madera numeradas y algunos cubiertos con grandes lonas de colores. Cada dos pasos es posible toparse con uno de esos puntos que indican que ahí debajo hay huesos.

La toma de fotografías aéreas permitió a los expertos marcar una cuadrícula para llevar el registro de cada pieza. Armados con brochas, recogedores, cubetas y guantes, trabajan para desenterrarlas una a una.

No es un proceso sencillo que sólo abarque excavar y sacar los cráneos, dientes, defensas, pelvis, pies y vértebras. Son restos frágiles que requieren un tratamiento especial: limpieza, aplicación de químicos que los endurecen para que no se degraden, vendaje y, según las piezas, hasta recubrimiento de yeso y armazón de madera. “En este caso no son fósiles, todavía hay partes que tienen materia orgánica, lo cual nos va a permitir hacer estudios de ADN de estos animales”, indica Manzanilla López. “La conservación que tienen depende del lugar donde murió el animal”.

paso a paso

salvamento paleontológico

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Una vez que existe el aviso de un hallazgo, el Consejo de Arqueología o de Paleontología del INAH otorga el permiso para rescatar, salvar o hacer la excavación con herramientas dentales para no dañar las piezas.

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Durante el proceso de excavación, los especialistas verifican qué tan estable y bien consolidado es el material. En la Cuenca de México, la conservación es entre mediana y pobre.

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Para un mejor manejo y que las piezas no se deshagan, los especialistas aplican, aun en campo, algunos métodos y sustancias preservativas para que se endurezcan.

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Una vez que se concluye con el proceso de preservación, es posible liberar la pieza y se embala para ser transportada a un laboratorio.

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En el laboratorio se retira el embalaje y comienzan los procesos de preservación y restauración para que el hueso pueda exhibirse en un museo.

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En paralelo a la consolidación del hueso —que requiere un tiempo de secado— se miden los materiales para poder hacer la identificación taxonómica y anatómica. Además se toman muestras para diferentes estudios.

Cada unidad tiene de dos a tres semanas para hacer la excavación, consolidación, registro y tomar muestras para estudios de genética. Una vez que los materiales están estabilizados, ya pueden ser manipulados y transportados a los laboratorios. “Si uno llega e intenta sacar los huesos sin darle ese tratamiento, obtenemos puras astillas. Y si nos los llevamos se empiezan a fragmentar y, al final, nos va a quedar un montón de polvo”, describe Cantoral Herrera.

Tratarlos con cuidado es la misión, porque estos fragmentos tienen el potencial de aclarar una parte de la historia que, hasta ahora, es desconocida. Son las piezas del rompecabezas que ayudarán a reconstruir el medio ambiente y las condiciones de alimentación y salud de este tipo de animales, así como entender por qué se extinguieron y cuál fue su relación con el hombre hace 25,000 años.

Opiniones

¿Qué significa para los especialistas el hallazgo de este yacimiento?

“Para cuestiones de la paleontología de México es muy importante y también lo es en términos de la paleontología de la parte sur de América del Norte, porque casi siempre se habla de lo que se hace en Estados Unidos y demás y esta especie, vale la pena mencionar, no llegó a Sudamérica”.

Roberto Díaz Sibaja

“Es un hallazgo que está apuntando a ser ya el más importante de América Latina, tanto por la cantidad de restos óseo encontrados, como los contextos en los que los hemos hallado. Hay otros lugares muy importantes en Norteamérica, por ejemplo el Rancho La Brea en Los Ángeles, en que se tiene más de un siglo de estar obteniendo restos fósiles, pero aquí, en la obra, sí estamos apuntando a que este sea el sitio más importante en América Latina”.

Rubén Manzanilla

“Arqueológicamente es un momento crucial para todos, a final de cuentas se sabe que en México hay una tradición también paleontológica y que, muchas veces, es dominada por otro tipo de especies y temporalidades, en este caso particular, hablamos del pleistoceno. Esto va a ser bastante interesante conforme se vayan generando los diferentes resultados derivados de los análisis de las muestras que se van a ir obteniendo”.

Felisa Aguilar

“Uno de los puntos importantes que nos está dando estos hallazgos en el área de Santa Lucía es tener un registro de lo que sucedió en algún momento del pleistoceno tardío. En este sentido, nos permite también tratar de entender, además de las especies que puedan identificarse a través de la recuperación de los fósiles, pues más información asociada a ellos: polen, paleosuelos, comportamientos o, incluso a nivel paleontológico, mayor información de la anatomía y de la biología misma de las especies”.

Eduardo Corona


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Créditos:

EDITOR DE ARTE: MANELYK GUZMÁN / DISEÑO WEB: DIANA LOBERA / ANIMACIÓN: TANIA DOMÍNGUEZ / COORDINACIÓN DE FOTO: BERENICE RODRÍGUEZ / FOTOS: José Miguel Crespo, INAH, AFP, Reuters y Aminetth Sánchez / PALEOILUSTRACIÓN: SERGIO DE LA ROSA / GRÁFICOS: JORGE PEÑALOZA / CORRECCIÓN DE ESTILO: JOSÉ MANUEL LINARES