Se sabe que la velocidad de la marcha de personas mayores de 70 años es un indicador de su estado de salud y predictor de mortalidad: a los 75 años, los pacientes que caminan lento mueren hasta seis años antes que los que caminan a velocidad normal, y 10 años antes que los que caminan a velocidad rápida, según el doctor James O. Judge de la Escuela de Medicina de la Universidad de Connecticut.

¿Y los más jóvenes? Según una investigación realizada por Terrie E. Moffitt y su equipo de la Universidad de Duke en Carolina del Norte, en colaboración con científicos de Inglaterra, Nueva Zelanda y Dinamarca, el caminar despacio en personas menores de 45 años se asocia con un envejecimiento prematuro y la aparición de déficits cognitivos, además de que presentan un mayor deterioro de órganos y tejidos como los pulmones, la dentadura o el sistema inmunitario.

En cada ocasión, caminaron en marcha normal, con o sin recitar letras en voz alta y a paso rápido.

Los adultos de mediana edad con andar lento presentaron un mayor deterioro de órganos y tejidos como los pulmones.

El escáner cerebral del último control detectó una disminución del volumen del cerebro.

Las imágenes revelaron pequeñas lesiones en los vasos sanguíneos que irrigan el sistema nervioso central.