La industria legal del cannabis reportó ventas estimadas en 15,000 millones de dólares en 2019, un aumento de 48% con respecto al año anterior. Y se estima que el mercado alcanzará los 43,000 millones de dólares para 2024. La oportunidad de negocio en los sectores medicinal, industrial y recreativo es innegable

POR: SELENE MAZÓN

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En la avenida más importante de la Ciudad de México, Paseo de la Reforma, hay una selva. Desde febrero de 2020, afuera de la sede del Senado crecen matas de cannabis. Este “jardín”, conocido como Plantón 420, comprende un campamento, un espacio educativo y una zona libre para fumar marihuana. El objetivo, según el Movimiento Cannábico Mexicano, es impulsar la legalización integral del cannabis.

Litigio estratégico, manifestaciones, plataformas educativas, campañas de información y cabildeo son algunos de los esfuerzos que, en la última década, organizaciones de derechos humanos, activistas, pacientes, abogados y empresarios han impulsado para abrir la conversación alrededor del cannabis.

Los esfuerzos han rendido frutos. En 2017, tras una serie de amparos, México aprobó la legalización del cannabis medicinal, aunque la publicación del reglamento ocurrió hasta enero de 2021. Y en noviembre de 2020, el Senado aprobó el dictamen para la nueva Ley Federal para la Regulación del Cannabis que despenaliza el cultivo y consumo del cannabis en su totalidad: industrial, científico y recreativo. Actualmente la propuesta se encuentra en la Cámara de Diputados. La fecha límite para su aprobación es el 30 abril de 2021.

15 mil mdd en ventas reportó la industria global del cannabis en 2019


El proceso de legalización del cannabis en México es el reflejo de la evolución de una política global que, hasta finales del siglo pasado, fue de corte prohibicionista. Durante 59 años, la Organización de Naciones Unidas (ONU), mediante la Convención Única sobre Estupefacientes, la clasificó como “droga con alto potencial de abuso y daño”, junto con opioides como la heroína. Sin embargo, tras el descubrimiento de beneficios médicos y terapéuticos, en 2019 la Organización Mundial de la Salud pidió removerla de la lista de sustancias “dañinas”, lo que sucedió en diciembre de 2020.

Investigaciones científicas alrededor de los beneficios y efectos de la planta están demostrando su otra cara. En cuestión de años, lo que era considerada una actividad ilegal, hoy migra hacia un negocio mundial que crece sostenidamente.

Para Tania Ramírez, directora de Política de Drogas en la organización México Unidos Contra la Delincuencia, los impulsores de este cambio de perspectiva, además de las asociaciones civiles y activistas, son Canadá y algunos estados de Estados Unidos, cuyas jurisdicciones han flexibilizado la política de drogas alrededor de su producción para convertirlo en una oportunidad de negocio. “La ola reformista de países más grandes, con grandes industrias como Estados Unidos y Canadá, tendrá una repercusión de cómo van a tomar forma estos mercados e influirán en las legislaciones de nuestros países, como México”, dice.

Los términos clave del mercado

El cannabis es un grupo de plantas con dos principales variantes: cannabis sativa y cannabis índica. Contiene dos principales compuestos químicos llamados cannabinoides: tetrahidrocannabinol (THC) y cannabidiol (CBD).

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La industria legal del cannabis reportó ventas estimadas en 15,000 millones de dólares en 2019, un aumento de 48 % con respecto al año anterior, según la consultora ArcView. Se estima que el mercado alcanzará los 43,000 millones de dólares para 2024. De este nicho han nacido empresas que ya cotizan en Nasdaq y en la Bolsa de Valores de Nueva York, como Canopy Growth, Clever Leaves y Aurora Cannabis. La oportunidad de negocio es innegable.

México no es la excepción. Cada vez más se habla de la explosión de tres principales industrias: medicinal, industrial y recreativo. Según los especialistas, de concretarse la legalización, el país se convertiría en el mercado más grande del mundo. Erick Ponce, presidente del Grupo Promotor de la Industria de Cannabis (GPIC) y consultor del sector desde hace siete años, estima que esta industria dejará una derrama económica de 8,000 y 10,000 millones de dólares para 2025.

“México tiene toda la capacidad técnica, económica y regulatoria para ser el gran productor de la planta”, señala Ponce. “El país tiene el potencial de volverse un gran productor y manufacturero, es decir, producir la planta y transformarla aquí mismo para tener productos finalizados”.



¿Estamos frente a una fiebre verde?

La puerta de entrada: cannabis medicinal


En 2015, Graciela Elizalde Benavides, una niña de 10 años conocida como Grace, se convirtió en la primera paciente mexicana en ganar un amparo para consumir cannabidiol (CBD) de forma legal. Padece de síndrome de Lennox-Gastaut, una epilepsia infantil que provoca alrededor de 400 crisis convulsivas al día. Tras probar numerosos tratamientos sin éxito, el CBD resultó ser el más efectivo, por lo que su familia interpuso un amparo para tener el permiso de importarlo.

El caso de Grace sentó las bases para hablar del uso medicinal, que culminó en su legalización en el año 2017. Esto abrió el apetito comercial de emprendedores, así como de inversionistas locales y extranjeros para apostar por esta naciente industria. A finales de 2018, la canadiense Aurora Cannabis anunció su intención de comprar la sociedad anónima Farmacias Magistrales, el primer importador autorizado a nivel federal de materias primas que contienen tetrahidrocannabinol (THC). Sin embargo, el cambio de administración presidencial demoró la publicación del reglamento por parte de la Secretaría de Salud y Cofepris, por lo que la adquisición no se concretó.

El principal potencial de negocio de cannabis en México está en su producción


Lo mismo sucedió con un par de emprendimientos mexicanos, como Cannabis Ventures, de Jorge Puflea, socio fundador del fondo SBU Group y chairman de Cannabis Investment Club, que cerró seis meses después de su creación. “La apuesta internacional hacia el cannabis estaba puesta en México en 2017, pero faltaba el marco jurídico para hacerlo posible y rentable”, menciona en entrevista.

En noviembre de 2018, el gobierno de Peña Nieto había otorgado 57 permisos a diversas empresas para producir materias primas, alimentos, bebidas, suplementos alimenticios, cosméticos y farmacéuticos a base de cannabis, pero fueron revocados en marzo de 2019 por la nueva administración presidencial, con el alegato de que los lineamientos no cumplían con el marco de la Ley General de Salud de 2017.

El vacío normativo contribuyó al nacimiento de proyectos que, sobre todo, buscaban combatir el estigma y la desinformación alrededor de la planta. iCAN Latam es una plataforma informativa y de capacitación fundada en 2017 por Erick Ponce, también presidente del Grupo Promotor de la Industria de Cannabis.

iCAN Latam, además, impulsó la creación de una Red de Médicos capacitados en el uso de cannabis medicinal en México y habilitados para prescribir medicamentos con cannabidiol seguro y legal en el territorio nacional. El año pasado la plataforma lanzó el primer curso internacional para profesionales de la salud con diversos ponentes tanto nacionales como internacionales, con un aval académico por parte de la UNAM.

Finalmente el reglamento alrededor del cannabis medicinal llegó tres años y medio después de su legalización, el 12 de enero de 2021. “Llevamos tres años esperando y preparándonos para este momento”, continúa Ponce. “Con esto podemos decir que México ha dado el paso de forma oficial al mercado medicinal de cannabis.”

Financiamiento para cannabis


Uruguay fue el primer país en legalizar la marihuana. El principal impulsor de esta conversación fue su presidente, José Mújica. El mercado está controlado principalmente por el Estado. En general, hay tres vías de acceso a la planta: mediante el autocultivo, para el cual se exige a los consumidores se sometan a un registro; un modelo de farmacias en el que el gobierno gestiona la producción y la distribución de la planta y los clubes cannábicos, con máximo 45 clientes con acceso a 40 gramos por mes por individuo.

Para Florencia Lemos, activista de política de drogas en Uruguay, la producción del cannabis está todavía muy por debajo de la demanda del país. Las restricciones han dificultado la creación de emprendimientos alrededor de la planta, empezando por los clubes cannábicos. Además, menciona, los costos de las licencias de cultivo han imposibilitado que pequeños productores incursionen en el cultivo legal. En cambio, las plantaciones autorizadas son, por lo general, sociedades anónimas de capitales mixtos nacionales y extranjeros. “El control está por encima de fomentar un mercado, sigue siendo controlada como una droga”, detalla.

En colombia, los agronegocios irrumpieron en la industria del cannabis medicinal


California, por otro lado, se basa en un modelo de libre comercio. Hoy es el principal mercado de cannabis a nivel global, superando incluso las ganancias de Canadá. En 2020, las ventas en este estado alcanzaron los 4,400 millones de dólares, 57 % más que el año anterior. La pandemia, así como las elecciones presidenciales de Estados Unidos fueron algunos de los factores detrás de su crecimiento. Los productos de cannabis fueron catalogados como “esenciales” en más de 20 estados.

Existen más de 60 fondos de inversión dedicados a financiar proyectos alrededor de la planta en todo el mundo, según Cannahedge. Uno es Arcadian que, con 35 empresas en su portafolio, está por levantar una segunda bolsa para invertir 100 millones de dólares para proyectos en Estados Unidos. Guillermo Sepúlveda, inversionista mexicano en bienes raíces y wellness, es representante del fondo en México. Su misión, por el momento, es buscar inversionistas interesados en el sector que quieran entrar a través de Arcadian en Estados Unidos.

Para él la necesidad de crear y hacer accesibles estos instrumentos de capital es sencilla: “Tanto en Estados Unidos como México, los grandes fondos, los bancos, las instituciones financieras no pueden invertir en cannabis porque sigue prohibido a nivel federal. Las empresas de cannabis que quieren crecer no pueden recurrir a los canales tradicionales para financiarse, tienen que buscar fondos”.

En México, además, Sepúlveda es socio de The Happy Capital Fund, un fondo mexicano similar a Arcadian para el mercado nacional apenas se apruebe la legalización integral de cannabis. “Apenas este año nos vamos a enfocar a levantar 10 millones de dólares. No vamos a hacer inversiones, nos vamos a dedicar a conseguir el dinero para comenzar a invertir en este sector”.

Puflea también ha sido testigo de un creciente interés por parte de inversionistas hacia esta industria. El Cannabis Investment Club está conformado por 45 inversionistas mexicanos. En 2017, el primer año de la asociación eran 10; al siguiente eran 15; en 2019, 25, y en 2020 casi se duplicó a 45. “La mayoría de los inversionistas son empresarios independientes”, dice. “Hasta el momento no tengo ningún family offices, no fondo de inversión, no financiero. El inversionista formal todavía no cree en el mercado”, detalla.

La siguiente apuesta de su fondo, SBU Group, es la creación de una financiera que apoye productos y emprendimientos mexicanos de cannabis. “Todo mundo va a querer emprender, pero pocos van a tener el capital para hacerlo”. Se espera que el lanzamiento de la financiera ocurra en marzo y otorgue créditos de 500,000 hasta 1 millón de pesos para siembra, maquinaria, arrendamiento.

El principal potencial de negocio de cannabis está en su producción. “México tiene gran potencial como el primer proveedor barato de la mejor calidad. Tenemos la oportunidad de poder posicionar la marca de cannabis mexicano como de primera calidad, es nuestro tequila”, dice Sepúlveda.

El otro lado: uso industrial

En 2010, en la ciudad de Asheville, en Carolina del Norte, se levantó la primera casa construida principalmente de cáñamo, que es una variedad de la planta cannabis sativa con menos de 0.3% de THC. Su uso se ha comparado como el del algodón, pero con menor impacto ambiental.

El uso del cáñamo industrial se ha diversificado en productos de belleza, alimentos, vestimenta, materiales de construcción, biocombustibles, entre otros. El cáñamo crece en diferentes climas y tipos de suelo, además de que es resistente a la mayoría de los pesticidas. En 2019, el tamaño del mercado mundial de cáñamo fue de 1,533 millones de dólares, y se espera que alcance los 6,666 millones en 2026.

“La parte industrial es donde más oportunidad creemos que hay. Hoy el principal problema que tiene la humanidad es la parte ecológica y esta planta nos puede ayudar a mitigar el cambio climático al sustituir plásticos o textiles. Estamos hablando de la fibra más resistente existente en el planeta”, dice Guillermo Nieto, presidente de la Asociación Nacional de la Industria del Cannabis (Anicann).

El principal productor es China, que produce más del 70% de la producción mundial. Francia ocupa el segundo lugar con aproximadamente una cuarta parte de la producción mundial. México, según especialistas, podría competir por este título.

Hacia una nueva industria


Ante un debate que está sucediendo en tiempo real, existen muchas preocupaciones, entre ellas garantizar la descriminalización completa de los consumidores de la planta, el autocultivo de los pacientes, candados para formación de monopolios y la garantía de ayudar en la transición a la legalidad de productores independientes.

“Para la coalición Regulación por la Paz es muy importante que las personas cultivadoras tengan oportunidad de participar en este mercado, que no tengas unas barreras de entrada tan altas que terminas dejando afuera a todos los productores y sólo las grandes compañías financiadas por dinero extranjero puedan competir”, dice Mariana Sevilla, activista en el tema y fundadora de México Regula. “Debe haber un acompañamiento importante para estas comunidades para que puedan competir”.

Para Sepúlveda, en cambio, la preocupación es la sobrerregulación, es decir, “que lo hagan tan difícil que sea más fácil seguirte por la libre que subirte a la de cuota”. Sin embargo, no duda sobre el potencial de invertir en este campo. “Esta es una oportunidad única en la vida. Cuando llegaron los autos, hay que invertir en esto. Cannabis es un mercado virgen donde no hay más que crecimiento más adelante”, remata.

De seguir la tendencia, en unos años, quizá, el Plantón 420 será sólo una historia curiosa de legalización de un producto incorporado al lenguaje y a la vida diaria. Y quizá, también, en un futuro la avenida financiera más importante de la Ciudad de México cuente con alguna sede de una empresa de cannabis, algo inconcebible hasta hace unos años.



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