VACUNA
PARA UN NUEVO MUNDO
VACUNA PARA UN NUEVO MUNDO

La carrera contra la covid-19 avanza a gran velocidad. Hay más de 320 candidatas que ofrecen la esperanza de poner fin a la pandemia



Así como se sabe que el 4 de octubre de 1957 inició la carrera espacial, los historiadores del futuro recordarán otra fecha: el 10 de enero de 2020. Ese día será identificado como el kilómetro cero del que seguramente será uno de los hitos científicos del siglo XXI.

Fue aquel viernes cuando un consorcio de investigadores chinos publicó en el sitio Virological.org un borrador del genoma del coronavirus recién descubierto: SARS-CoV-2, que se sospechaba causaba el brote de lo que entonces se llamaba la “neumonía de Wuhan”. “No dude en descargar, compartir, usar y analizar estos datos”, escribió el profesor Yong-Zhen Zhang, de la Universidad de Fudan en Shanghái, en China.

Con ese gesto iniciaba la carrera por la vacuna contra un virus sigiloso que no respeta fronteras y que, pese a ser 500 veces más pequeño que el grosor de un cabello humano, ha sacudido al mundo. Desde entonces, ha infectado al 10 % de la población mundial y más de un millón de personas –entre ellas casi 90,000 mexicanos– han muerto de covid-19, la enfermedad que provoca.



La pandemia ha acelerado la investigación científica. Ya hay más de 320 vacunas candidatas en desarrollo. “La situación actual a nivel global es muy alentadora”, indica Jorge Valdez-García, decano de la Escuela de Medicina del Tec de Monterrey. “Es muy interesante que esos grupos son alianzas de instituciones académicas con empresas y gobiernos. Muchos ya están entrando en las fases finales. Ha sido un proceso extraordinariamente rápido. Esto se ha logrado porque se han desarrollado centros médicos académicos, instituciones que permiten tener las tres actividades fundamentales de atención de pacientes: investigación, educación y recurso humano”.

El SARS-CoV-2 no es el primer coronavirus que se conoce. Desde 1967 se han identificado unos 40. La mayoría infecta a animales. Se conocen siete coronavirus humanos: hCoV-OC43 y hCoV-229E han sido responsables de entre el 10 % y el 30 % de todos los resfriados comunes. Unos pocos han causado brotes de enfermedades graves: el síndrome respiratorio agudo grave (SARS) en 2002 y 2003, el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS) desde 2012 y ahora la covid-19. Todavía no hay una vacuna aprobada para algún coronavirus: hasta ahora su desarrollo ha sido de baja prioridad. Vacunas contra el SARS-CoV-1 (que provoca SARS) se probaron en animales y en humanos –Fase 1– pero su desarrollo se detuvo cuando el virus fue erradicado de la población humana. Gracias a esas investigaciones pioneras, la carrera por la vacuna para prevenir la covid-19 avanza a gran velocidad.


“Una vacuna ofrece una gran esperanza de poner fin a la pandemia, pero sabemos que la historia del desarrollo de vacunas está plagada de muchos fracasos”,recuerda la inmunóloga Fiona Culley, del Imperial College de Londres.



Hay muchas esperanzas pero los científicos prefieren la cautela. Hacer una vacuna exitosa es un desafío: se trata de un proceso complejo, que históricamente lleva 10 años o más, que demanda miles de especialistas coordinados y requiere cientos de millones de dólares de inversión para que una sola candidata avance hasta obtener la licencia y consiga con éxito entrenar al cuerpo para generar una respuesta inmunitaria protectora. En las próximas semanas, se esperan las primeras noticias de los decisivos ensayos de Fase 3 de las vacunas más prometedoras. Si los resultados son alentadores no será el fin de la pandemia, sino recién el comienzo del fin. “Una vacuna por sí sola no puede resolver esta crisis, no a corto plazo. Pero a partir de este momento, la vacuna debe verse como un bien público global porque la covid-19 no respeta fronteras”, dijo en septiembre pasado António Guterres, secretario general de las Naciones Unidas.

Un informe de investigadores reunidos por la Royal Society de Londres asegura que será un proceso largo. “La distribución será crucial”, destaca el infectólogo Michel Martínez, líder del programa covid-19 de TecSalud. “En un país tan diverso como México con comunidades aisladas, el transporte de productos biológicos que precisan de una cadena de frío será un reto logístico. Va a ser necesario vacunar a un buen porcentaje de personas. Para la erradicación de sarampión, el plan de aplicación de vacunas tomó unos 15 años”. México ha tenido un buen historial de vacunación, muy diferente a lo que sucede en Estados Unidos. “Es importante hacer ver a la población que hay más riesgo por la enfermedad misma que por la vacuna”, concluye Martínez.

“Vacunarse es la única herramienta desarrollada por la humanidad que ha impactado en la expectativa de vida. Si no fuera por las vacunas, la mayoría no pasaríamos los 55 o 60 años”.

CIFRAS
653

medicamentos y vacunas contra covid-19 están en desarrollo.

506

de ellos se encuentran todavía en la fase preclínica.


TIPOS DE VACUNAS CONTRA LA COVID-19


Todas las vacunas candidatas para prevenir la covid-19 se basan en una característica central del SARS-CoV-2: el nuevo coronavirus se adhiere a las células humanas a través de las espigas que cubren su superficie y que forman una corona. Con este “pico”, el coronavirus se acopla a la célula, ingresa en ella, hace copias de sí mismo y luego se propaga a otras células. Si se logra exponer nuestro sistema inmune a estas espigas –separadas del virus– mediante una vacuna, el cuerpo podría aprender a rechazar una infección antes de que el coronavirus comience a replicarse. Hay varias aproximaciones o tipos de vacunas en desarrollo:

VACUNAS DE ARN MENSAJERO


Son un desarrollo relativamente reciente. Compañías como Moderna Therapeutics, Pfizer (en colaboración con la empresa alemana BioNTech) y CureVac se valen de esta tecnología. El ARN mensajero es material genético hecho de ácido nucleico que viaja a través de las células, dando instrucciones sobre qué proteínas elaborar para formar la arquitectura celular del cuerpo. Estas vacunas introducen en el organismo un ARN mensajero del virus para que las células humanas lo utilicen para crear un fragmento de una partícula viral de SARS-CoV-2 que no causa la infección, pero es suficiente para que el sistema inmunológico lo identifique como un invasor. El sistema aprende a reconocer ese fragmento y a responder a él: si el verdadero virus SARS-CoV-2 llega al cuerpo, el sistema inmunológico sería capaz de responder a él antes de que ocurra una infección completa. Nunca antes se ha creado una vacuna exitosa a base de ARNm. Si se demuestra que es segura y eficaz, será la primera de su tipo.

VACUNAS DE ADN


Como las vacunas de ARN mensajero, éstas añaden una nueva pieza de material genético –ácido desoxirribonucleico (ADN), en este caso– a células inmunitarias específicas de nuestro cuerpo. Una de las compañías que apostó por este tipo de vacunas es Inovio Pharmaceuticals. Su vacuna candidata utiliza ADN viral para convencer a las células de que produzcan proteínas de coronavirus, estimulando así una respuesta inmune para proteger contra la infección por el virus. Para permitir que las moléculas de ADN entren en las células, se vale de un proceso llamado electroporación, un pequeño pulso eléctrico que abre pequeños poros en las células. A fines de septiembre, la FDA puso en pausa los ensayos clínicos de esta compañía antes de que ingresara en Fase 2/3. Hasta ahora no hay vacunas de ADN aprobadas.

VACUNAS DE VECTORES VIRALES


Utilizan virus vivos –pero atenuados– para transportar ADN a las células humanas. Hay ya una vacuna autorizada y en uso desarrollada con esta plataforma tecnológica, la vacuna contra el ébola Ervebo. Esta plataforma es utilizada por el equipo de la Universidad de Oxford, la compañía china CanSino Biologics, Johnson & Johnson y el Instituto de Investigación Gamaleya de Moscú que desarrolló la vacuna Sputnik V. Dirigidos por Sarah Gilbert, los investigadores de Oxford se valieron de lo que habían aprendido de otro coronavirus, el causante del MERS: identificaron y clonaron las proteínas que codifican las espigas a partir de la secuencia genética del SARS-CoV-2 compartida por científicos chinos en enero. Tomaron un adenovirus (ChAdOx1) que afecta a los chimpancés y lo modificaron genéticamente para que no pueda enfermar. Lo utilizaron como “vector”, es decir, como un caballo de Troya para transportar las instrucciones genéticas para producir la proteína espiga del SARS-CoV-2. Cuando la vacuna ingresa a las células del cuerpo, los vectores virales producen fielmente la proteína de pico (o espiga) en sus tres dimensiones. Esto se asemeja a una infección natural, que provoca una sólida respuesta inmune innata para entrenar al cuerpo cuando se encuentre con el coronavirus. Esta vacuna se conoce como ChAdOx1 nCoV19, pero desde que la Universidad de Oxford estableció un convenio con la farmacéutica AstraZeneca se denomina AZD1222. “El problema con los vectores de adenovirus es que diferentes poblaciones tendrán distintos niveles de inmunidad”, indica Nikolai Petrovsky, investigador de la Universidad Flinders.

VACUNAS INACTIVADAS


Es una de las técnicas clásicas de la vacuna: se hacen de una proteína u otros pequeños fragmentos tomados de un virus o bacteria alterados por algún tipo de tratamiento físico o químico para que no pueda causar la enfermedad, es decir, destruyen la capacidad del patógeno para replicarse. Algunos ejemplos de estas vacunas son las de Hepatitis A, gripe y la de la poliomielitis desarrollada por Jonas Salk. En este caso, se trata de una preparación del virus SARS-CoV-2 inactivado, cuyo objetivo consiste en desarrollar las defensas propias del organismo –anticuerpos– contra el virus. Las vacunas inactivadas, por lo general, requieren de múltiples dosis para evocar una inmunidad suficiente y duradera. Este es el enfoque utilizado por las compañías chinas Sinopharm Group y Sinovac Biotech.

VACUNAS PROTEICAS RECOMBINANTES


Consiste en inyectar un componente del virus: las proteínas ubicadas en su superficie y producidas en cultivos celulares. El ejemplo clásico de la vacuna proteica recombinante es la vacuna contra el virus de la hepatitis B (VHB). Empresas como Novavax y Sanofi (junto a GlaxoSmithKline) se encuentran desarrollando vacunas con base en la proteína del SARS-CoV-2, las estructuras con forma de torre o espiga, para a partir de ahí desencadenar una respuesta inmune. Estas vacunas a menudo se combinan con adyuvantes, compuestos que ayudan a estimular la respuesta inmunitaria a la vacunación. Tienen como ventaja que son mucho más sencillas de producir, comparadas con las vacunas tradicionales donde se usa el virus completo.


¿CUÁNDO TENDRÍAMOS ACCESO A LA VACUNA?


La carrera no coronará a un solo ganador. El mundo necesita de varios fabricantes Las vacunas para prevenir la covid-19 se desarrollan a un ritmo vertiginoso. Pero la fecha exacta en la que estarán disponible es aún incierta. Probar la seguridad y la eficacia es un proceso complejo. Si una vacuna mostrara buenos resultados este año, rompería el récord anterior de cuatro años para el desarrollo ostentado hasta ahora por la de la paperas.

“El escenario más probable es que sepamos a fin de este año si una vacuna funciona –dijo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas de Estados Unidos– y, con suerte, podremos comenzar a vacunar en serio a principios de 2021”.

La Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos (FDA) advirtió que autorizaría una vacuna siempre que sea segura y, al menos, 50% efectiva. El director ejecutivo de la farmacéutica Moderna, Stéphane Bancel, aseguró que su vacuna no estará ampliamente disponible antes de finales de marzo. La compañía podría presentar una solicitud de licencia de productos biológicos ante la FDA a fines de enero o principios de febrero de 2021. La revisión de los datos toma hasta un año.

En casos más rápidos, ha llevado de tres a seis meses. El cronograma de AstraZeneca se vio alterado después de que en septiembre detuviera los ensayos globales porque un voluntario en Reino Unido desarrolló síntomas neurológicos graves. Los ensayos se han reanudado. Se estima que los resultados de la Fase 3 estarán disponibles en noviembre. Mientras tanto, la Agencia Europea de Medicamentos inició un proceso de “revisión continua”, para acelerar la evaluación de la vacuna durante una emergencia de salud pública.

Pfizer debería saber si su candidata es segura en noviembre, según su CEO, Albert Bourla, quien indicó que la compañía ya ha comenzado a producir la vacuna que desarrolla con la alemana BioNTech. La ventaja de las vacunas de Moderna y Pfizer es que son de ARN mensajero, lo que significa que son mucho más rápidas de desarrollar en las primeras etapas.

La carrera por la vacuna, sin embargo, no coronará a un solo ganador. Se espera que el mundo necesite vacunas de varios fabricantes para frenar la pandemia. China también avanza. CanSino Biologics fue la primera farmacéutica del mundo en obtener el visto bueno para el uso militar de su candidata. La estatal Sinopharm ha dicho que miles de personas han recibido una de sus vacunas, aun en Fase 3. Y Sinovac indicó que más de 10,000 personas han sido inoculadas. Ninguna ha sido autorizadas para uso masivo. La OMS apuesta por la cautela: “No esperamos ver una vacunación generalizada hasta mediados del próximo año”, dijo Margaret Harris, vocera de la organización.


EL DESAFÍO GEOPOLÍTICO

Así se mueven las piezas en el tablero global, donde cada nación busca proteger a su población.

La pandemia no es solamente una de las crisis sanitarias –y económicas– más devastadoras de las últimas décadas. También funciona como escenario de disputas y tensiones geopolíticas. Es el panorama de competencia en el que cada nación busca garantizarse la mayor cantidad de dosis posibles para su población. Es lo que se ha denominado “nacionalismo de la vacuna” o “vacunacionalismo”: en lugar de colaborar para desacelerar el avance del coronavirus a nivel global, cada país busca salvarse a sí mismo. “Sin una coordinación mundial, los países compiten entre sí, lo que aumenta el precio de las vacunas y los materiales relacionados”, indica Thomas J. Bollyky, director del programa de salud global y miembro principal de salud, economía y desarrollo globales en el Council on Foreign Relations. “El mayor sufrimiento se producirá en los países de ingresos bajos y medianos”. El mayor acaparador ha sido Estados Unidos, el país más golpeado: el gasto federal en vacunas candidatas supera los 9,000 millones de dólares, que se ha distribuido entre siete empresas para así garantizarse, al menos, 700 millones de dosis de vacunas. Muchos países ricos están firmando acuerdos de compra anticipada con varias compañías farmacéuticas, a fin de aumentar las probabilidades de tener al menos una vacuna exitosa: el Reino Unido ha asegurado al menos 250 millones de dosis de varios fabricantes de vacunas, casi cuatro veces su población de 66 millones y es debido a la incertidumbre sobre cuál de las vacunas experimentales podría funcionar. Japón se ha garantizado 120 millones de dosis de Pfizer. “El nacionalismo de las vacunas no es bueno, no nos ayudará”, dijo el jefe de la OMS, Tedros Adhanom Ghebreyesus. “Para que el mundo se recupere más rápido, tiene que recuperarse juntos, porque es un mundo globalizado: las economías están entrelazadas”. Con su vacuna Sputnik V –y otra más en desarrollo–, Rusia busca convertirse en el país salvador del mundo. La búsqueda de la vacuna es también una carrera por el prestigio y la gloria. “Es como la carrera espacial medio siglo después”, señaló Andrey Kortunov, director del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales en Moscú. “Es una gran oportunidad de relaciones públicas”.Rusia ha llegado a acuerdos preliminares para vender su vacuna a más de 10 países en Asia, América del Sur y Medio Oriente.


¿EN QUÉ PROYECTOS PARTICIPA MÉXICO?

En la búsqueda de vacunas efectivas contra la covid-19, el país apuesta por una estrategia: la diversificación


¿QUIÉNES SE VACUNARÁN PRIMERO?

Las miradas están puestas en proteger primero al personal de salud y a los pacientes mayores o con comorbilidades




Cuando se aprueben y estén disponibles las primeras vacunas contra el coronavirus, con seguridad no habrá dosis para todos. Entonces, ¿quiénes las recibirán primero? Una guía desarrollada por un grupo asesor de la Organización Mundial de la Salud pretende dirimir la cuestión: según el Grupo de Expertos en Asesoramiento Estratégico sobre Inmunización, aunque todo el mundo se ve afectado por la pandemia no todas las personas la sufren de la misma manera.

“Algunos grupos están experimentando enfermedades graves y muerte a tasas más altas”, indica la guía de esta comisión dirigida por el mexicano Alejandro Cravioto, de la UNAM. “En algunos casos, estas tasas más altas están específicamente asociadas a factores biológicos. Por ejemplo, aquellos que son mayores o tienen comorbilidades, como enfermedad renal crónica y diabetes, deberán tener prioridad debido a su mayor riesgo”. Las Academias de Ciencias, Ingenierías y Medicina de Estados Unidos señalan que los primeros que deberían recibir la vacuna son los trabajadores de la salud que son el grupo más expuesto. Luego sectores médicamente vulnerables con múltiples afecciones existentes, como enfermedades cardiacas graves o diabetes y también los trabajadores en industrias esenciales, como el transporte público, porque sus trabajos los ponen en contacto con muchas personas. Así como profesores y personal escolar.

Los últimos en recibirlas serían niños: por ahora no están incluidos en los ensayos en curso de una vacuna para prevenir la covid-19, por lo que es probable que puedan vacunarse a mediados de 2021. Anthony Fauci cree que se administrarán diferentes vacunas a distintas poblaciones de pacientes. Por ejemplo, una vacuna para adultos mayores u otros pacientes de alto riesgo, otra para adultos sanos, otra para niños. “Deseamos tener suficiente variedad de vacunas para que se pueda adaptar la mejor para cada grupo individual”, indicó. “A medida que se aprueban las vacunas, los investigadores pueden encontrar que una funciona mejor en una población que en otras”. A fines de septiembre, la compañía Moderna publicó un paper en la revista The New England Journal of Medicine. Ahí indicaba que, en estudios preliminares, su vacuna candidata era segura para adultos mayores y dos dosis inducían anticuerpos neutralizantes.


¿Y EL MOVIMIENTO ANTIVACUNA?

Las miradas están puestas en proteger primero al personal de salud y a los pacientes mayores o con comorbilidades




Convencer a los ciudadanos de aplicarse la vacuna será el siguiente reto de los gobiernos El fin de la pandemia no llegará cuando una de las vacunas experimentales contra el coronavirus reciba la aprobación. Ese momento será apenas el comienzo del final: los gobiernos deberán convencer a sus ciudadanos de aplicársela. Un grupo de investigadores considera que el movimiento antivacunas –relativamente pequeño, pero con gran y activa presencia en redes sociales y en manifestaciones– podría socavar los esfuerzos para terminar con la epidemia. Pese a que las vacunas funcionan y salvan vidas, las más desopilantes fake news circulan por WhatsApp y otras plataformas como Facebook y TikTok. Una de ellas asegura que las vacunas contra la covid-19 se usarán para implantar microchips en las personas. Esto es falso. Para la antropóloga Heidi Larson –directora fundadora de la iniciativa The Vaccine Confidence Project de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres–, la confianza en las vacunas es tan importante como la vacuna misma. “Una de las principales amenazas a la resistencia de los programas de vacunación a nivel mundial es la difusión rápida y global de información errónea”, indica. “Cuando hay una gran caída en la cobertura de vacunación, a menudo se debe a que hay miedo sobre la seguridad de la vacuna que genera dudas y desconfianza”.

La OMS declaró en 2019 que las dudas sobre las vacunas es una de las 10 principales amenazas para la salud mundial. Esta corrosión de la confianza depende de muchos factores. Uno de ellos lo conforman las declaraciones de figuras públicas. La comediante estadounidense Jenny McCarthy, por ejemplo, se convirtió en el rostro del movimiento antivacunas. En el caso de la pandemia de coronavirus, las opiniones de Elon Musk no ayudan mucho: el director ejecutivo de la compañía Tesla afirmó recientemente que no se vacunaría.

Las encuestas de percepción retratan el problema. Según una realizada por la Universidad de Suffolk y el diario USA Today, dos tercios de 1,000 estadounidenses encuestados afirmaron que no intentarán obtener una vacuna contra el coronavirus cuando esté disponible. En cambio, el 70 % de los españoles consultados en una encuesta del Instituto de Salud Carlos III mostró interés en vacunarse. En el caso de México, un sondeo online realizado a 500 personas por el Foro Económico Mundial arrojó que tres de cada cuatro personas aceptarían la aplicación de la vacuna. Resta ver si estas percepciones cambian a medida que pasa el tiempo. Fomentar la confianza en las vacunas será imperativo para poner fin a la crisis sanitaria global.

CIFRAS


1,000 millones

de niños han sido vacunados en la última década, informa la onu.



+2 millones

de muertes se evitan cada año por la inmunización, según la unicef.


INVERSIÓN Y RIESGO

La suma de capital es fundamental para financiar el desarrollo de vacunas. Pero nada está seguro




El desarrollo de vacunas es complejo y costoso. Y también cargado de riesgos: sin importar cuánto dinero se inyecte en una investigación, si en alguna de las fases la vacuna candidata demuestra no ser segura o incapaz de prevenir una infección, los ensayos clínicos se cancelan y las esperanzas se derrumban como un castillo de naipes. El capital es fundamental. Y la búsqueda de una vacuna contra el SARS-CoV-2 lo tuvo desde el comienzo. La OMS declaró la pandemia en marzo. Desde antes de esa fecha, los gobiernos comenzaron a invertir en diversos equipos científicos. El 3 de febrero, el Departamento de Desarrollo Internacional del Reino Unido anunció que destinaría 20 millones de libras para impulsar su curso. Días después, la Fundación Gates informó que apoyaría con 100 millones.


A esto se sumaron el Wellcome Trust y la Fundación Jack Ma en China. Gobiernos y organizaciones, entre ellas el Banco Mundial y la Coalición para Innovaciones en Preparación para Epidemias (CEPI), se movilizaron para el desarrollo de una vacuna segura y efectiva, así como para realizar la titánica tarea de producir miles de millones de dosis y distribuirlas, algo inaudito en la industria farmacéutica. Como nadie sabe cuáles vacunas podrían funcionar y cuáles no, todas estas iniciativas no son más que apuesta ante un futuro incierto. Científicos han intentado hacer una vacuna contra la malaria desde finales de la década de 1960. Sin embargo, a pesar del esfuerzo y los millones de dólares invertidos, la vacuna candidata todavía tiene menos del 40 % de efectividad. Algo similar ocurre con el VIH/sida: se ha realizado un enorme esfuerzo para producir una vacuna durante los últimos 35 años y no se ha tenido éxito. Desde 1987, más de 30 vacunas candidatas han comenzado ensayos clínicos en más de 25 sitios en el mundo pero hasta ahora ninguna ha demostrado ser efectiva. Por eso, las actuales iniciativas público-privada para el desarrollo de una vacuna contra el coronavirus no tienen un final asegurado.


A comienzos de agosto, la Fundación Carlos Slim anunció que financiará la producción de una prometedora vacuna de AstraZeneca y la Universidad de Oxford: aportará una suma no especificada para ayudar a producir entre 150 y 250 millones de dosis de la vacuna en Argentina y México. “Este acuerdo lo hicimos porque sentimos que es una vacuna con muchas posibilidades de éxito. Esta alianza nos permite pensar en una vacuna que llegará hasta un año antes de lo que se esperaba”, indicó Arturo Elías Ayub, vocero de la organización. “Eso se logra asegurando los gastos y costos que tendrá la producción de la vacuna porque empezaremos a fabricarla antes a que esté aprobada. Si la vacuna no se aprueba, el dinero se pierde. Pero si recibe una aprobación, con la venta de las dosis recuperaremos el dinero”.

Por: Federico Kukso Diseño y Animación: Pamela Jarquin / Tania Domínguez